Si mi recuerdo te visita, regálame una sonrisa.
Si me encuentro en tu reposo, en el lienzo de tu sueño, no hables; solo abrázame y permite que el instante sea nuestro refugio.
Y si mi nombre se escapa de tus labios, pronúncialo con calma y deleite. Que mi nombre sea la miel dulce que tu boca saborea.