Que no siempre es un verso
el que nos mata,
que también puede
una rosa en un pañuelo
o un sueño en una mirada.
Que no siempre es el tiempo
lo perdido,
que pueden ser unos labios
en una almohada,
o pájaros y niños.
Que no sólo es la muerte
quien nos ama,
que puede entrar un corazón
en la amapola,
o rosales en los pechos más marchitos.