Han pasado meses y ahora entiendo
que por más que llore, no volverás,
que esta tristeza en mi mirada
ya no se perderá jamás.
Que miraré al cielo una y otra vez,
buscando una señal
que sé, en el fondo de mi alma,
jamás me llegará.
Hasta en mi último suspiro
habrá un vacío en mi pecho
que nadie podrá llenar,
y que aunque todos aprendan a olvidarte,
yo no lo haré jamás.
Mil veces me preguntaré
por qué tuviste que irte tu y no yo,
y mil veces entenderé
que no existe respuesta a mi favor.
Todos dicen que deje de sufrir,
que el tiempo ya pasó,
pero para mí este dolor
sigue latiendo con tanto fervor
como el primer instante de aquel terror.
Todos continúan su vida
como si nada hubiera cambiado,
mientras la mía
por completo se ha transformado.
He aprendido a sonreír,
aunque mis ojos no saben mentir
cuando de repente una lágrima
se rebela desde el corazón mi sentir.
Ya no te miraré como antes,
y extrañaré cada día tu voz,
tus miradas tiernas y gigantes,
y tu presencia que aumenta ese dolor.
Mi mente lo ha entendido,
y lo he aceptado en silencio,
pero el verdadero problema sentido
es que aún no sé cuándo terminará este tormento.