Casi siempre, si no es que todo el tiempo, hablan del amor romántico:
las citas, el primer beso,
cuando gasto en la salida al cine,
las flores, las carticas;
pero no mencionan el amor
que no se presume en redes sociales cada fin de semana.
Nadie habla del amor que aprende a esperar,
del amor que sigue aunque no haya brillo;
de ese amor que, sin importar lo que pueda ocurrir
y sin titubear,
está contigo en la primera desilusión,
la primera traición,
el primer engaño.
No hablan del amor que se queda cuando el entusiasmo se cansa,
cuando las palabras sobran
y el silencio pesa.
Del amor que no huye al ver grietas,
sino que se sienta a entenderlas.
Nadie habla del amor que sostiene sin aplausos,
que acompaña en días grises
y no exige sonrisas falsas.
Del amor que no promete eternidades perfectas,
pero cumple con la presencia.