Julián Solarte

Colores

Cae el plátano amarillo

y la hoja verde, verde, verde que tanto mata.

En estas tierras de café y olvido,

la hoja transmuta de color y forma,

de persona y deseo,

de blanco polvo a verde dinero,

de hermano y amigo

a compatriota muerto.

 

El camino se labra, aunque ya cansado,

entre un rojo triste y un blanco profanado,

en donde el tiempo no pasa y el hambre se ha asentado,

aunque ese verde verde que mata abunda,

aunque ese verde verde se siente arraigado.

 

A este Sur, que sí existe,

el rojo lo baña y el carmesí lo limpia,

el azul se muere mientras ese blanco exista,

el norte no espera que el Sur resista

a su poder verde verde como la hoja

y blanco blanco como su promesa ya marchita.

 

Pero se despierta ese Sur entre arengas y tradiciones,

se levanta cojeando y sin aire en los pulmones,

resuena entre la gente entre gritos y canciones,

lo que predicaba Mario, casi entre sermones:

“El sur también existe” aunque le duela al norte.

 

Ahora se ha cambiado

el verde selva por el verde cemento;

el amarillo cae

en una tierra sin recuerdo.

 

Ese verde verde tradición

ahora es un verde verde sin criterio;

ese verde verde naturaleza

es ahora ya un verde, green, verde dinero.