Cae el plátano amarillo
y la hoja verde, verde, verde que tanto mata.
En estas tierras de café y olvido,
la hoja transmuta de color y forma,
de persona y deseo,
de blanco polvo a verde dinero,
de hermano y amigo
a compatriota muerto.
El camino se labra, aunque ya cansado,
entre un rojo triste y un blanco profanado,
en donde el tiempo no pasa y el hambre se ha asentado,
aunque ese verde verde que mata abunda,
aunque ese verde verde se siente arraigado.
A este Sur, que sí existe,
el rojo lo baña y el carmesí lo limpia,
el azul se muere mientras ese blanco exista,
el norte no espera que el Sur resista
a su poder verde verde como la hoja
y blanco blanco como su promesa ya marchita.
Pero se despierta ese Sur entre arengas y tradiciones,
se levanta cojeando y sin aire en los pulmones,
resuena entre la gente entre gritos y canciones,
lo que predicaba Mario, casi entre sermones:
“El sur también existe” aunque le duela al norte.
Ahora se ha cambiado
el verde selva por el verde cemento;
el amarillo cae
en una tierra sin recuerdo.
Ese verde verde tradición
ahora es un verde verde sin criterio;
ese verde verde naturaleza
es ahora ya un verde, green, verde dinero.