Para quienes han convertido el cuerpo amado en mapa sagrado y sacrílego, donde cada línea es un deseo trazado, cada curva, una constelación por besar. Para quienes saben que el amor verdadero es un rito que no pide perdón: consagra lo prohibido, eleva el tacto a plegaria, y en la memoria de la piel encuentra el fuego que ni el tiempo logra apagar. Que estos versos sean el testimonio de que amar, cuando es entrega total, siempre será un sacrilegio bendito: un hundirse en la llama que redime hasta la eternidad.
Para ti, mi Pantera Negra.