Axel Juárez Carachure

Palabras para alguien que no está.

El día que comencé a escribirte
sin tenerte,
me di cuenta
de lo que era realmente
extrañar a alguien.

Empecé a verte
sin que estuvieras presente;
mis ojos captaban un espectro
en las eternas noches
que no dormías a mi lado.

Cada palabra que escribía
te hacía más presente
y, al voltear y no verte,
mi mente comenzaba
a desearte.

Eran tantas mis ganas de besarte
que mis labios se quebraban
por besar tanto al aire.

Escribir tanto de ti
me ha llevado
a rozar los límites de la cordura
y, al leer todo esto,
solo puedo pensar
que ya escribo
desde la locura.

Al salir por las calles durante el día
me persiguen
los recuerdos de nuestro amor;
volteo a ver
si lo que me sigue
no eres tú.

Decepcionado,
triste
y preocupado,
me doy cuenta
de que el espectro
ya no sale solo por las noches:
ahora se oculta
tras las sombras de la mañana.

Seguí caminando hasta llegar a ti,
o eso creí
al tenerte frente a mí.

Fue mucha mi decepción
al descubrir
que eras una simple ilusión,
una imagen más
en un mundo caótico.

Lloré un largo rato
y me convencí
de que jamás estarás aquí.

Lo único que puedo hacer
es escribir
y sacarte de mí.

Me senté en aquel jardín
a escribir
todo lo que nunca escuchaste de mí:
aquellas dulces perversiones
que nunca se dieron,
aquella admiración por tu belleza,
comparable
con el más hermoso de los cielos.

Aquella noche estrellada
junto al mar
que nunca hicimos,
tomando una copa de vino
y dejándonos llevar
por nuestra pasión.

Empecé tomando de una copa
y seguí tomando de ti;
seguí
y seguí escribiendo
todas las hazañas
que nunca hicimos
y todos los planes
que compartimos.

Sentado en aquel jardín
vi por fin
cómo aquel espectro
desaparecía
y se fundía
con tu recuerdo.

Y así fue
como dejé de creer en la fantasía
el día
que te hice mía
sin tenerte
cerca de mí.