¿Que tendríamos que esperar de la poesía, más que la entrada al imperioso umbral?
No por nada las palabras inflaman el temperamento.
Una palabra y el tiempo justo.
Solo eso basta para componer un poema y cantar, a la vez qué, por qué no, iniciar una guerra.
El caldo digestivo de los dioses no permite ser digerido por escépticos que ansíen saber los ingredientes y sus secretos velados.
Qué diferencia hay, acaso, con el poema?
Dos palabras, inexorables, no significaron lo mismo para el César, qué para el crucificado en la cruz.
Amor y odio.
Que acaso, esas dos palabras, no conforman al poema y sus bardos?