La casa ya no tiene dueño,
Poco a poco es un bosque de paredes,
Tiene quejidos blancos,
Lamentos de mármol,
Se enfría,
De fantasmas es pasto,
Y, aunque no te lo creas,
Siento su ofandad doliente,
Me sobrecoge su tristeza pálida,
Su alma casi inerte.
Las habitaciones hablan entre ellas,
Susurrando bajito,
Presienten cosas que no vemos,
Se van desprendiendo del dueño
Como arena perezosa en las manos.
La casa, en avanzadilla,
Ya sabe que, por lo de ahora,
Se queda,
Mientras, nosotros,
Desfilamos.