Texto:
Los ecos de tu voz en el ocaso
resuenan tristemente en el oído;
Difícil es creer que te hayas ido,
me cuesta asimilar mi cruel fracaso.
Glosa:
Oyendo dulces trinos del jilguero,
tan tiernos, armoniosos y románticos
despiertan los anhelos quirománticos
con esos bellos ritmos de trovero.
Contemplo atardecer con gran esmero
que trae poesía del parnaso;
pintando mi delirio paso a paso
con esa plenitud de lo plausible,
que logra que se escuche tan audible
LOS ECOS DE TU VOZ EN EL OCASO.
Lo mismo que las olas de los mares
que azotan los navíos con su furia;
el alma se debate en la penuria,
sintiendo por tu marcha mil pesares.
Mi verso que de luz fuera soñares,
su brillo de ilusión tienen perdido;
y siento que el poético sonido
se vuelve de dolor enorme grieta;
oyendo que mis quejas de poeta
RESUENAN TRISTEMENTE EN EL OÍDO.
En medio de mis letras y mi llanto
de pronto se dibuja tu figura;
que fuera de pasión la llama pura
que un día me abrigara con su manto.
Ahora, prisionero del quebranto
y viendo ya deshecho nuestro nido;
mi pobre corazón adolorido
recuerda tu magnífica belleza;
y pienso con muchísima tristeza:
¡DIFÍCIL ES CREER QUE TE HAYAS IDO!
Sintiendo que mi vida solitaria
se llena con la sombra de tu ausencia;
añoro aquel fulgor de tu presencia
que fuera de mis días luminaria.
La vida en soledad es lapidaria
y trae de impiedad el marcapaso;
que siempre nos señala sin retraso
la senda de un camino sin futuro,
y viendo mi destino tan oscuro
ME CUESTA ASIMILAR MI CRUEL FRACASO!
Autor: Aníbal Rodríguez.