No tiembla la mano, tiembla el instante.
Una hoja en blanco frente a mí contiene lo que aún no digo.
No está vacía.
Respira.
Me mira sin pedir nada.
En ella duermen palabras que no saben si serán promesa o herida.
Cada línea invisible es un riesgo, un paso al borde.
Al escribir, la hoja deja de ser frontera y se vuelve camino.
No hay regreso intacto.
La tinta decide, marca, y exige.
Cuando el blanco desaparece, la duda también.
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Rafael Blanco López
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