¡Pampas floridas, divinas flores,
aves canoras con voz de amores:
Un negro manto
cubrió el encanto
que me ofrecía la incandescencia
del gran amor!
¡Ahora busco del infinito
ese consuelo dulce y bendito,
que siempre trae desde el arcano
de luz el rayo tan soberano
que ofrece Dios!
Porque ahora viaja mi pensamiento
como las hojas que arrastra el viento,
cuya tormenta
febril y cruenta;
empuja siempre las ilusiones
hacia el cenit.
Mas yo quisiera ser de tu vida
flama de ensueño, chispa encendida;
que con locura llegue a quererte
y sin temores pueda ofrecerte
mi amor sin fin.
Autor: Martha Irene Sánchez
Managua, Nicaragua.