No poder hacer nada, cuando lo quieres todo, es como morderte la lengua para no gritar.
Es como tener el pecho lleno de ganas y las manos clavadas al suelo.
Es mirar de frente lo que importa y entender que no siempre basta con sentir.
Es ver como arde lo que deseas y no poder acercarte sin quemarte vivo.
Es rabia, es impotencia,
es quedarse entero por fuera mientras te rompes por dentro.