PARA CAMINAR SIN AUTO
debemos acudir al norte
del término municipal, ir a discurrir
por un camino de tierra en ligera pendiente,
flanqueado por alguna mata de esparto
y por bancales de olivos, y ¿por qué así?.
Porque por allí nos espabilamos y avanzamos
con menos dudas, y mucho más determinados
a realizar gestas extraordinarias,
muy por encima de nuestras posibilidades.
Porque por allí corre un viento que, sin llegar
a ser frío y sin apenas ser viento del todo,
desentumece los músculos de las ideas
menos activos, y porque el cielo
es un fluir constante de cambios
meteorológicos. Hay que acudir
al norte para viajar sin automóvil,
a golpe de pierna dura,
como el romero que, en provincias,
se dirige en peregrinación al santuario,
para avanzar con toda esta compañía
de las altas estancias
orográficas, donde el rayo de sol
parte una nube en dos y se acomoda
en un rinconcito del monte
que vuelve todavía más adorable.
Gaspar Jover Polo