Cuando abrir o no la puerta a lo inexplicable
no depende de nadie.
Como quien se deja llevar por la corriente del río,
sin preguntas,
sabiendo que todo río acaba encontrando siempre el mar…
Porque el tiempo termina
sin promesa de paisaje.
Y al final, se vuelve
al río de estrellas que nos disuelve y nos reintegra,
universo que late en expansión constante
y crece sin final.
¿Es derrota o victoria abrazar lo inevitable?
¿Es rendirse o doblegarse,
o apagar la esperanza,
sin exigir claridad al final del pasaje?
Por eso, mi deseo de un tránsito sereno para quien contigo se disuelva,
y ese mismo deseo me lo concedo
para cuando mi tiempo aquí se acabe.
Porque no es derrota ni victoria,
sino fortaleza interior:
aceptar lo que ningún ser vivo puede evitar
y, en silencio,
dejarse arrastrar por el río…
para convertirse de nuevo en parte del universo,
en su expansión eterna e imparable.