Tenía la mente llena, sin orden ni lugar,
palabras amarradas que no querían hablar,
preguntas suspendidas flotando en el pensar,
y un cansancio profundo imposible de explicar.
Me sentía desolada, vacía de calor,
solo quería dormirme para hablarte sin dolor,
buscarte en mis sueños, sin miedo ni temor,
donde el silencio no hiere ni se vuelve un rumor.
Tenía tanto que darte, tanto por confesar,
pero respeté tu silencio, aunque doliera callar,
un silencio que cortaba, difícil de nombrar,
no era humano ese eco que me hizo quebrar.
Me rompí como vasija que no pudo aguantar,
mil pedazos en el suelo imposibles de juntar,
y mi cuerpo sin fuerzas se dejó desplomar,
pasé horas en el piso sin poderme levantar.
Con mis brazos rodeando mis rodillas al temblar,
abrazándome sola para no naufragar,
el pecho oprimido, dolía respirar,
no había pensamientos… solo lágrimas al caer sin parar.
Durante el día fingía, aprendí a disimular,
sonreía por los míos para no preocupar,
caminaba derecha sin poderme enderezar,
con el alma doblada y el dolor a cuestas ya.
Pero a solas conmigo no podía escapar,
ahí veía lo rota que me había dejado amar,
tan cansada, tan frágil, sin nada que ocultar,
solo yo y mi verdad mirándonos sin disfraz.
Solo Dios me sostuvo cuando no pude más,
Él contó cada noche que no supe nombrar,
y mis hijos fueron luz en mitad del umbral,
especialmente mi niña, reflejo del mismo pesar.
Ella dolía conmigo sin saberlo explicar,
y aun así me miraba como si yo fuera hogar,
como si en mis pedazos pudiera descansar,
como si aun rota yo pudiera cuidar.
Fueron 399 noches aprendiendo a aguantar,
a amar en silencio, a no reclamar,
399 noches sin saber cómo continuar,
pero eligiendo la vida aun sin fuerzas para luchar.
Y de una mujer hecha pedazos al caminar,
que nunca dejó de luchar, nunca dejó de amar,
aunque aún mis lágrimas vuelvan a brotar,
he logrado perdonarme y volverme a levantar.
Fuiste el primero, el único, el que me enseñó a amar,
me hiciste tu mujer, me supiste amar,
me diste un hogar cuando no sabía habitar,
cuando el mundo era frío y no había dónde estar…
Por eso, aunque muchos no lo puedan soportar,
aunque el tiempo insista en quererme derrumbar,
no te podré borrar,
porque en mí seguirás, aun después de la eternidad,
Porque en mi pecho hondo, sin tiempo ni final,
más allá de la vida, más allá del umbral,
en mi corazón quieto, profundo y leal,
vivirás para siempre…
sin principio ni final.
Lu Celis
01/01/2026