Decisión ambigua y crucial: cambias para sobrevivir en nuestro mundo actual, o frenas y retrocedes; no a lo que eres hoy, sino al tiempo en que comunicarse era una tarea compleja. Aquella época de hacer cola en un teléfono público o de pedir al vecino una llamada desde su teléfono con el «cero bloqueado». Enamorar a una compañera de escuela a través de una nota enviada con el amigo inseparable, o mediante la amiga cómplice del romance. En aquel tiempo aún dormíamos con los ojos abiertos; éramos inocentes y, a pesar de ese desconocimiento generalizado de la ética impuesta, vivíamos en el presente.
Ahora estamos inmersos en una era tecnológica que nos desconecta del tiempo y de la gente; un mundo donde algunos temen estar a solas y en silencio porque le temen a su propia voz interna, lo que los desconecta, incluso, de su propio ser.
La familia es la base de la sociedad; nos lo repetían en cada grado y en casi todas las materias, y el efecto en la memoria de quienes venimos de esas etapas aún perdura. Tus padres pasan a ser tus hijos mayores al principio y, posteriormente, tus niños pequeños a quienes nunca abandonaremos. Lo preocupante es que, definitivamente, esa cadena se cortó. Y no porque nuestros hijos carezcan de formación familiar o porque sus corazones no sean bondadosos, sino porque la Matrix diseñó escenarios donde existen dos opciones: o se desconectan y compiten por superioridad y aprobación, o se desmoronan consumidos por la voraz jungla de las deudas y la quiebra de su existencia, hasta perder el rumbo y morir prematuramente. En cualquiera de los casos, se ven empujados a un abismo donde peligra su capacidad de cuidar de sus padres; por ello, nuestra adaptación es la única llave para devolverles ese tiempo y esa humanidad.
Entonces el escenario es oscuro, y retroceder no es una alternativa. Morir y renacer adaptado a los cambios te dará tiempo valioso para orientar y recuperar a la familia. Aun a sabiendas de lo absurdo que es todo esto, hay que buscar el propósito de la existencia, sin egoísmo, estableciendo las bases que formen a los seres llamados a evitar la destrucción total.