Liturgia de seda
Es vana lucha el aleteo,
ya cede el nervio en la prisión;
palpita sorda mi tensión
y es mi derrota su trofeo.
Vibra la seda repentina,
avanza en ocho pasos lentos;
oigo sus parcos movimientos
que teje el hambre cristalina.
Siento el sopor, fluye el veneno,
mortal quietud que se derrama;
me envuelve en lino de su trama
y pone al breve pulso freno.
Ya soy capullo, estela muerta,
ofrenda muda en el telar;
¿cuándo llegué a tropezar
con esta trampa siempre abierta?
Ruben Dario GV