Mastico vida
en un espacio,
donde la imaginación
organiza la realidad
de manera diversa.
Hay voces originales
que susurran,
otras cantan,
mientras la mayoría
escucha ecos,
que vociferan,
en las calles de la ciudad…
Son síntomas
y son una enfermedad
de una afrenta,
que rompe
la simetría de los versos,
dejando resonar en el aire
el poema que nunca
se escribirá.