Hoy es solo otro día,
no encuentro satisfacción;
todo lo que me dio alegría
hoy destroza al corazón.
Hoy mi cabeza me grita:
«¡Pobre iluso, qué hiciste!».
Me hace sufrir e irrita;
a coro oigo: «Perdiste».
Tal vez no sea verdad
y es mi vaga imaginación,
pero esta fría soledad
no me deja ver solución.
Si tienes la suerte de leer
y coincidir con el relato,
sé que lograrás entender:
me enamoré de ti aquel rato.
Hoy solo resta suplicar
a la luna y a las estrellas
que el verso pueda palpitar
en tu alma… y deje huellas.