Aunque la duda me asalte
la verdad no me abandona,
su palabra se corona
con certeza que resalte.
No hay engaño que se exalte
ni mentira que se imponga,
la fe firme se prolonga
como luz que nunca muere,
y en su llama se sostiene
la esperanza que me asombra.
Jesús vino a redimir
con su entrega generosa,
la humildad se hace preciosa
cuando invita a compartir.
El amor sabe latir
en la amistad verdadera,
la bondad siempre se espera
como signo de su gloria,
y su paso en la memoria
y nos conduce a primavera.
La fraternidad se enciende
con la fuerza solidaria,
su raíz es necesaria
cuando el alma se comprende.
La verdad nunca se vende,
es regalo del Señor,
y su gracia, con fervor,
nos sostiene en la jornada,
pues su voz siempre es llamada
para que nos guía en el amor.