Tengo todas las mujeres
que quiero y que quisiera
aunque Cupido se muera
tengo miles de quereres.
De las blondas soy tesoro
que codician con locura,
valgo más que todo el oro
y las amo con bravura.
De morenas soy el sueño
de sus miradas el dueño,
ellas cultivan mi nombre
y en sus lechos soy el hombre
que imaginaron sedientas
de pasiones corpulentas.
De las castañas conservo
el suspiro a mediodía,
es de ellas el acervo
de mi estimada poesía.
Todas relamen mi estampa,
con sus lenguas nacaradas
y saborean esta trampa
de mentiras desdentadas.
Porque a todas les prometo
compromiso prematuro
y ni una semana duro
luego de anclarlas en cama
sin que me importe la dama
las despido con el veto
que me da mi nombradía
de seductor engañoso,
por Don Juan y mañoso,
del mentir soy parapeto,
pero ellas ya sabían
y muy bien me conocían,
pues para engaño hacen falta
el que inventa y la que asiente
desde Girona hasta Malta
soy famoso y consecuente.
De todas gusto y declaro
mi amor generoso y derramo
mi embriaguez de suaves pieles
entre dulzores y mieles.