Amigo venerable,
que siendo un niño pude entreverte,
y nunca ya me dejaste...
Inocente es tu nombre...
y te doy gracias por dejarme aprenderte,
inventando lo impensable...
Compañero inagotable...
que nunca te vas de mí aunque sea tarde,
y tu apellido es Candidez...
Por ello, escribo siempre,
imaginando al mar dentro de un estanque,
aunque esto sea imposible...