LOURDES TARRATS

CUANDO VUELVE LA LUZ

 

No fue un estruendo.
Fue un cambio en el aire.

Algo que se aflojó en el pecho del día,
como si la noche, cansada,
hubiera decidido retirarse
sin despedidas.

Las calles siguen siendo las mismas,
pero el paso es distinto.
Hay una pausa nueva
en la manera de mirar.

El pueblo alza la voz.
Aprendió a cuidar la esperanza
como se cuida una llama pequeña
después de una tormenta.

Algunas lágrimas caen,
no de pena,
sino de alivio.
Riegan la tierra
que aún recuerda cómo florecer.

Nada está dicho del todo.
Nada está ganado del todo.
Pero el amanecer,
por primera vez en mucho tiempo,
pesa menos.

Y eso basta
para volver a creer
en el día.

Que el amanecer siga pesando menos
en cada paso,
en cada casa,
en cada corazón.

Y que la esperanza,
con paciencia y cuidado,
aprenda a quedarse.

—L.T.
Poetas somos…