Me encontré una lámpara
vagando en mis sueños,
y al frotarla entendí mis deseos:
no pedía milagros,
solo que doliera menos querer.
Comprendí que no siempre hace feliz
que los sueños se cumplan,
porque a veces los deseos
nos enseñan lo que debemos soltar.
No es perder el amor,
es aprender a no lastimarlo.
No es rendirse,
es dejar de forzar
lo que pide descanso.
Recojo las piezas de lo que fuimos
y hoy no las junto con culpa,
las guardo con respeto,
porque formaron algo real
aunque no fuera eterno.
No todo lo que acaba está roto.
No todo lo que duele fue un error.
Hoy me disculpo conmigo,
ya no me condeno.
Acepto que ambos hicimos lo que supimos
con el corazón que teníamos entonces.
Y aunque me cueste dormir,
ya no huyo del silencio:
en él entendí
que dejar ir
también es una forma de amar.