Humberto Frontado

AMANECE EN LA TIERRA HERIDA

 

      El silencio no es de quien espera,

es de la semilla bajo la tierra fértil.

El que precede al verde,

el del brote que se estira

con sus brazos hacia el sediento sol.

 

     No es el fin,

es el vacío dejado por el miedo;

lugar donde poco a poco nos cimentamos

con las manos desnudas,

con el recuerdo áspero.

El primer ladrillo de lo que seremos.

 

      La esperanza es fuego que nunca se apaga,

es lámpara dócil que nunca se derrama.

Alumbra una casa sin rejas,

abierta en un abrazo.

 

      Nos visita el lento río

que regresó a su antiguo cauce,

ha derrumbado la presa que lo retenía.

Lo nutre la misma fe

del cansado que sigue la rancia vereda.

 

     Que vuelvan los ausentes,

los que el éxodo hirió.

Que sus sombras a las nuestras se unan.

Traen consigo el olor de un mar ajeno y frío,

son raíces que anhelan tierra de infancia.

 

     No habrá flor que no brote en este suelo

abonado con el llanto y la ausencia,

con un tiempo robado,

un reencuentro deseado.

 

      La libertad es fragua

donde se cuece el pan que se reparte.

Es debate alegre,

es temple gozoso de pueblo necesario.

 

     Amanece,

la puerta entreabierta

deja salir el lastre malévolo.

La luz se extiende,

se yergue paciente.

La justicia brota de la tierra.

 

     Caminaremos sin prisa

cargando el alma propia.

La esperanza es el aire,

el destino,

el camino,

el próximo paso.

 

     Y si cae la noche en el pecho,

que persista el fuego

que el pueblo encendió y aviva.

No es un sueño,

es la aurora que hemos visto nacer.

Es el comienzo… Somos… y por fin, libramos.

 

04-01-2026

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