Noches de pensamientos y mente abierta,
perfectas como los versos de algún poema
que vuelven a mí como un recuerdo,
derramándose sobre mi cuerpo como la miel.
Noches de plena sexualidad,
al roce de los cuerpos llenos de besos y abrazos;
rayos de luna sobre la espalda. Nadie explicó jamás
que la ternura se complementa con suaves caricias,
susurros y charlas a lo largo de la noche.
Aprieto tu cuerpo contra el mío y encajamos perfectas,
una con la otra. Huelo tu pelo y con mis labios beso suavemente tu piel;
extasiadas, las horas pasan así: entre caricias, abrazos, besos y ternura.
La veo en ese plácido momento en que queda dormida y recorro,
con la libertad de la noche, cada rasgo de su rostro.
Su piel, como hoja de otoño, y sus ojeras marcando las crónicas interminables
de una noche de insomnio.
Susurro al aire: «Estamos en nuestro mejor momento»,
donde el silencio cómplice acompaña,
aletargado los sonidos del amanecer.
Eva Estella Parejas Manzanal