Para no equivocarse
en el discurso.
Para no repetirte
en lo que dices.
Para aprender a mirar
más hacia dentro.
Para que el silencio
diga lo suyo.
Para que otros puedan expresar
lo que callas.
Para avanzar
sin rutas marcadas.
Para dudar
sin miedo a estar equivocado.
Para escuchar
algo distinto.
Para no hablar
de lo que no sabes.
Para no dar
a destiempo soluciones.
Para no pronunciar
palabras que hagan daño.
Para valorar
más al vecino.
Para experimentar
que todo puede ser distinto.
Para dejar de mirarse
el ombligo.
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