Canticos, vísperas y años hinchados de labores;
en cada medio rostro esta fiebre bondadosa.
Toda cuestión resume este rodeo: los inagotables
eneros de barro y hasta la dicha renovada...
que ausente, en verdad, al cruzar febrero...
y alejado desde aquel mañana el bienhechor
con su deleite de falsos oídos. Hombre, ¡como
hundes el lomo en vano remordimiento!
No condenes a tu propia raza con tus misas,
que roes la mirada del bueno y del labriego.
No palpes cada año en tu fino féretro.
Transitan por tu sangre coágulo y vinagre,
que en tu dolor chirrían fuertes falsedades.
Cada año hundes tus pasos en fiebre; no te dejes.