Jorge Ernesto Angulo Leiva

Venezuela

Martí dijo que jamás la poesía, 

como ante el dolor, crecerá tanto.

Hoy hasta el sol ardió de espanto,

quisieron apagar la luz del día.

 

Escupieron en las letras sagradas 

de la paz, en el sueño de las madres

que no verán a sus hijos despertarse

y escarban entre las vidas robadas. 

 

Las lágrimas cubrieron mi frente

con ganas de ser dios o el diablo

para mandarlos a todos al carajo, 

cual Chávez, ay, amor impotente.

 

Tengo la lira herida, pero viva,

como ese pueblo tan de verdad,

¡qué ejemplo libre de dignidad

que muere con las manos arriba!

 

Están equivocados, recabrones

si esperan una victoria sencilla

¿Cuántos llevan dentro la arcilla

que une a infinitos corazones?  

 

Osaron hollar una tierra sagrada,

las nubes lloraron en las ciudades

que pueblan nuestras soledades,

aunque nunca tuvieran estas pisadas.

  

Viva siempre Venezuela, cojones

y no me excuso por malas palabras.

Ante el odio, la rabia es un arma

nacida de las más bellas canciones. 

 

Pues como cantó el gran Alí Primera:

«Para ver a los niños felices jugar»

vamos a soñar, reír, amar y matar, 

y veremos florecer otra primavera.