Caminando entre las gentes de mi barrio,
colisiono con la mirada de mis ancestros,
que rencarnados viajan hacia el centro de la ciudad
en el torbellino de la capital desenfrenada.
Allí, beben un alcohol original
y elaboran objetos con sentidos raros.
Llevan en sus auras algunos misterios,
gestados en pretéritos ritos tribales.
Deambulan junto a viajeros antiguos y siderales,
engalanando todos los paisajes de la urbe
con entelequias disimiles, elaboradas de luz…
Son latinoamericanos multiplicando savia
y alimentando mi alma de un fiero elixir,
destilados por hermanos, amigos y extraños…