JUSTO ALDÚ

LO ACCESORIO SIGUE LA SUERTE DE LO PRINCIPAL

El derecho romano, como un viejo faro de mármol aún encendido entre las ruinas del tiempo, nos legó una máxima de férrea lógica: accessorium sequitur principale. Lo accesorio sigue la suerte de lo principal. No es una figura ornamental del lenguaje jurídico, sino un principio de coherencia moral y legal: aquello que depende de un acto viciado hereda su vicio; lo que brota de lo ilegítimo no puede reclamar pureza. A ello se suma otra advertencia lapidaria: ex iniuria ius non oritur, del hecho injusto no nace el derecho.

Bajo esta luz clásica, resulta profundamente contradictorio proponer como figura de transición a quien fue parte estructural de un gobierno ilegítimo y participó, directa o indirectamente, en delitos y violaciones de derechos humanos. Quitar a Maduro para dejar a su vicepresidenta no resulta una opción potable, pues equivale a amputar la cabeza del monstruo mientras se conserva intacto su cuerpo. En términos romanos, si el poder principal fue espurio, sus accesorios —ministros, herederos políticos, operadores— no se redimen por simple desplazamiento del tirano visible.

Aquí cobra fuerza otra máxima del Corpus Iuris Civilis: nemo plus iuris transferre potest quam ipse habet. Nadie puede transmitir más derecho del que posee. Un poder nacido sin legitimidad democrática no puede engendrar una transición auténtica ni mucho menos erigirse en árbitro del futuro nacional, sobre todo cuando ello implica excluir a los legítimos ganadores de las elecciones recientes. La democracia no se hereda por cercanía al poder, se funda en la voluntad popular.

Desde esta óptica, la sospecha se cierne como una sombra larga: el objetivo no parece ser la justicia ni la restauración institucional, sino la custodia del botín, ese petróleo que fluye como sangre negra en el subsuelo venezolano. Ojalá el camino que se allane no sea el del pragmatismo interesado, sino el del derecho; no el de lo accesorio reciclado, sino el de una transición verdadera para el país hermano, donde lo principal —la soberanía del pueblo— recupere, por fin, su trono legítimo.

Mis mejores deseos para Venezuela.

* Artículo  periodístico

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026

*Analista y escritor

Diplomado Latinoamericano de Alta especialización en Niñez y Adolescencia
Diplomado Internacional en Derechos Humanos, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú.
Diplomado Internacional en Derechos Humanos de Pueblos Originarios, Univ. Nacional Mayor de San Marcos Lima Perú
Licenciado en desarrollo SOCIAL.

ACTIVISTA DE AMNISTÍA INTERNACIONAL.