MICHELLE RUIZ TOMASINI

Persiguiendo Al Amor

Y una noche me di cuenta

que estaba persiguiendo a alguien que huía de mí,

pero volteaba para asegurarse

que yo siguiera detrás.

 

La calle era larga como las promesas,

y mis pasos resonaban

con la fe cansada de quien insiste

aunque sabe que no llegará.

Ella corría ligero,

no para escapar,

sino para sentirse deseada,

como si mi presencia

fuera la prueba de su existencia.

 

Yo la seguía con el corazón desordenado,

recogiendo migajas de miradas,

interpretando cada vuelta de cabeza

como una esperanza,

como un “todavía”,

como una mentira amable.

 

A veces frenaba un poco,

dejaba que la distancia respirara,

y entonces ella también dudaba,

miraba atrás con miedo,

no a perderme,

sino a quedarse sola con su vacío.

 

Comprendí que no huía de mí,

huía de quedarse,

de nombrar lo que sentía,

de sostener lo que pedía con los ojos

pero negaba con los actos.

 

La noche me habló en silencio

cuando el cansancio venció al deseo.

Me dijo que el amor no se persigue,

que no se corre detrás de quien

solo sabe mirar hacia atrás

para confirmar que aún lo siguen.

 

Y me detuve.

No por orgullo,

sino por lucidez.

Ella siguió avanzando unos pasos más

hasta notar la ausencia de mis pasos.

 

No sé si volvió,

no sé si entendió.

Yo solo sé que esa noche

dejé de correr

y empecé, por fin,

a volver a mí.

MICHELLE RUIZ TOMASINI