Por Dios bendecida,
era un manantial de atractiva pureza...
y su densa sonrisa,
una llama celeste que le resplandecía...
Su dulce presencia,
una inmensa fuente de piedad intercesora,
de cualquier alma contrita,
que mitigue su existencia a cero violencia...
Nunca pude ocultar,
el influjo sentimental que sobre mí ejercía...
y así la escribía poesía...
sencilla y limpia queriendo encomiar su albura...
Que tu manto me proteja,
y tu bendición a mi alma le llegue desbordada...
como un faro de esperanza,
que me guíe en la oscuridad hacia Ti, Virgen María...