Querida niña de ojos bonitos (llamada así por el hombre que hoy amas), lamento todo lo que tuviste que vivir el año pasado y el anterior a este. Si bien fue en ese tiempo cuando conociste al amor de tu vida, ese encuentro vino acompañado de muchas desgracias, entre ellas un intento de relación fallido que terminó en obsesión y que parecía no tener fin. Aquella historia concluyó solo porque la otra chica dijo haberse “enamorado” de alguien más, aunque aun así se la pasaba dedicándole canciones, escritos, mensajes y llamadas sin respuesta al que hoy es tu compañero de vida.
Y aun con todo eso, él te eligió. Te eligió incluso cuando el ruido del pasado intentaba colarse en su presente, te eligió cuando las heridas aún estaban abiertas y cuando amar no era fácil. Tú no debiste vivir nada de ello, porque merecías un amor limpio, sin fantasmas, sin lamentos, sin llantos ni sollozos; pero aun así, él decidió quedarse contigo, y tú decidiste seguir, a pesar del dolor.
Todos juzgan tu actuar, pero ¿quién lo entiende? Nadie en verdad. Quiero pedirte perdón de todo corazón por todo lo que has llorado, porque tus ojos bonitos se han manchado de lágrimas que no eran justas para ti. Y aun así, con el paso del tiempo, el año pasado fue mejorando después de tanto aguantar. Aunque a veces parece que tu vida va empeorando, en realidad ha ido sanando, pues la familia de tu amado te ha adoptado como si fueras hija suya, y hoy te sientes amada como nunca antes, y eso me llena de alegría.
Hay días en los que dudas, en los que el recuerdo duele y la herida arde como si fuera reciente, pero quiero que sepas que no hiciste nada mal. Amaste con la pureza que solo alguien con el corazón limpio puede hacerlo. No era tu tarea cargar con historias que no te pertenecían ni competir con fantasmas del pasado. Tú llegaste a amar, no a reparar ruinas, y aun así fuiste elegida.
Perdóname por no haberte protegido más, por haberte exigido comprensión cuando lo que necesitabas era consuelo. Perdóname por pedirte paciencia cuando lo justo era darte descanso. Hoy quiero prometerte algo: nunca más volveré a minimizar tu dolor ni a justificar lo que te hizo llorar en silencio. Tus lágrimas fueron válidas, tus miedos también, pero también lo fue el amor que se quedó.
Mira ahora, niña de ojos bonitos: sigues de pie. Con el corazón sensible, sí, pero más fuerte. Aprendiste que el amor verdadero no se demuestra por la ausencia de problemas, sino por la decisión de quedarse. Hoy sabes que el amor también vive en los brazos que te eligen todos los días, en la familia que te nombra suya, en los lugares donde por fin te sientes en casa.
Sana despacio, no tengas prisa. El amor que mereces no huye ni te confunde: se queda, te elige y camina contigo. Y mientras tanto, aquí estoy yo, prometiéndote que nunca más caminarás sola, porque a pesar de todo, fuiste elegida… y elegiste quedarte.