¿Y si vivimos,
sin acongojarnos?
Así, sencillamente,
como vive la alondra
desde siempre
sin preguntar por qué
llueve en el nido.
Con la simpleza
de un colibrí al viento,
que se detiene
a saborear la rosa.
¿Y si vivimos en paz,
calladamente?
L.G.