Leoness

Amor, templo de jade

Bajo el palio de un cielo de amatista y de oro,

tejes tú, con manos de marfil, un lazo de agonía.

Es el amor un templo de jade, un tesoro

que entierras bajo el peso de tu propia hidalguía.

 

¡Oh, voluntad de hierro en guante de seda!

Mártir de un rito que el silencio reclama,

vas buscando el fuego en la fría moneda,

mientras a tus espaldas la aurora te llama.

 

Todo era más leve, más puro, más blando:

una copa de vino, un verso sin dueño,

y prefieres ir por el mundo arrastrando

las pesadas cadenas de un oro de ensueño.

 

¿Para qué la fatiga de la escala infinita?

¿Para qué los perfumes de la Arabia lejana?

Si el amor era el agua, la sombra bendita,

la flor que se entrega detrás de la ventana.

 

Es la estética amarga del que quiere ser llama

y no sabe que es aire, que es luz, que es olvido,

muere de sed, oh alma, sobre la linfa misma,

por el lujo sagrado de haberte perdido.