Aún esperando tu mensaje,
regresa esa sensación —ya conocida— de lo imposible.
Cada día me consume un poco más
saber que estos sueños
los cargo solo yo.
Con estos nuevos días,
lo más sensato es alejarnos,
aunque cada noche
sigas apareciendo en mis sueños,
como si nada hubiera cambiado.
Y es que, ¿cómo pude llegar a ilusionarme yo
con un ser omnipresente,
si solo existía en mis silencios?
Entiendo que tu presencia
y tu corazón le pertenecen a otro.
Que fue una historia
que yo prolongué más de la cuenta,
y en la que, lentamente,
me fui consumiendo.
No es tu culpa —me lo advertiste—.
La mía,
por insistir,
por creer,
por ser, una vez más,
un terrible soñador.