Carta a Santa en el árbol
Tiene nueve años
y aún escribe cartas a Santa,
las dobla con cuidado
y las cuelga en el árbol
como si la fe pudiera brillar
entre luces y ramas.
Yo la miro
y sonrío…
porque está creciendo sana,
entera,
con esa risa que todavía corre libre
por la casa.
Pero el corazón —terco y tierno—
se me llena de nostalgia sin fin:
sus juegos del jardín,
sus carcajadas sin prisa,
todo lo que hemos vivido juntas
Y que el tiempo guarda en silencio.
No lloro porque se vaya la infancia,
sonrío porque existió,
porque la viví a su lado,
porque fui abrazo,
refugio
y testigo.
Y si algún día el mundo le pesa,
que sepa esto:
aquí está su abuela,
guardando cada recuerdo
como se guarda una luz.
Que crezca, que sueñe, que vuele…
yo la acompaño desde el amor eterno,
con el corazón lleno
y las manos abiertas,
siempre.
Elizabeth Alejandra Castillo Martínez
Diciembre 24,2025.