Las relaciones serias
no son para pasar el rato,
no son un refugio momentáneo
ni una historia que se tira a la basura
cuando aparecen las primeras grietas.
No son promesas dichas rápido
ni palabras bonitas sin sostén.
Una relación seria
se construye,
se trabaja,
se piensa
y se elige todos los días.
Se construye entre dos,
con diálogo sincero,
con respeto incluso en el enojo,
con la decisión de no huir
cuando las cosas pesan.
Porque amar no es quedarse
solo cuando todo es fácil,
amar es quedarse
cuando llegan las dudas,
cuando el miedo toca la puerta
y cuando la vida aprieta.
No tengo una vida llena de experiencias,
soy joven, sí,
pero hay cosas que se sienten en el pecho
antes de entenderse con la cabeza.
Si vas a buscar algo serio,
hazlo con responsabilidad.
No dejes corazones a medias,
no siembres ilusiones
para luego desaparecer,
no bloquees a alguien
como si nunca hubiera importado,
no te vayas sin explicar
por qué ya no estás.
Una relación seria
no es casual,
no se apaga en un mes.
Se enfrenta,
se cuida,
se defiende.
Se aprende a perdonar,
a escuchar sin interrumpir,
a crecer juntos
cuando todo invita a rendirse.
Se cruzan tormentas,
errores,
caídas profundas
que ninguno imaginó vivir,
pero se cruza de la mano.
Porque quien busca algo serio
no busca un rato de compañía,
busca un proyecto,
un sentido,
un futuro compartido.
Busca a alguien que esté,
que no se vaya en silencio,
que no desaparezca sin motivo,
que no deje preguntas abiertas
ni heridas sin explicación.
La persona correcta
no te suelta en el proceso,
no te deja solo cuando más duele.
Quiere entenderte
y dejarse entender.
Quiere saber qué sueñas,
qué temes,
qué te rompe
y qué te levanta.
Quiere caminar contigo
aunque el camino sea lento.
Con el tiempo llegan las cosas más lindas:
conocer a la familia,
sentirse parte,
imaginar mañanas juntos,
hablar de metas
y construirlas sin apuro.
Al principio no se nota,
en los primeros meses
todo parece normal.
Pero el tiempo es honesto,
y con los años
muestra la diferencia
entre lo pasajero
y lo verdadero.
Uno, dos, tres años después,
mirás atrás
y entendés todo.
Entendés que valió la pena,
que no fue fácil,
pero fue real.
Que esa relación
no sobrevivió por suerte,
sino por elección.
Hoy en día encontrar algo así
es difícil.
Abundan las promesas vacías,
las palabras sin compromiso,
los “para siempre”
que no duran nada.
Quedan incógnitas flotando,
silencios que duelen
y corazones que se cansan de esperar.
Por eso lo digo sin vueltas:
si vas a buscar algo serio,
hazlo bien.
Porque hay personas
que aman de verdad,
que creen,
que apuestan,
y no juegan con el amor.
Y cuando el amor es real,
no se dice solamente:
se demuestra quedándose.