ROGER MEDINA GUERRA

PERSEGUI TU CAMINO

Perseguí tu camino, entre sombras y ecos del viento,
por los barrancos agrietados,

donde un mundo neolítico de rocas gigantes,

guardan secretos milenarios.
Desde entonces, las luciérnagas -pequeñas centinelas-
armadas con espadas doradas de sol y rocío,
dibujan destellos en los crepúsculos del río;
son un ejército de luz efímera, sutil,
bordan en silencio su danza colorida.

 

Perseguí tu camino tras las ondas de guáimaros florecidos,
que brotaban como esencia de azucenas,
como un amanecer cautivo y generoso,
donde prevalecen los rayos de un sol inquieto,
libertino, en su danza sin fin.

Te mecías, vestida de luz,

bajo el fulgor de la tarde moribunda,

ataviada con el delirio de una lluvia torrencial.

 

Como un glóbulo errante de espuma,
hostigué tu camino
por senderos donde el estío musita ruidos arenosos.
En el vapor de un rocío de mil colores,
y sobre la piedra negruzca y,

húmeda, te alzaste en vapores de linaza sutil,
adornada con flores de margarita y azahar,
una ofrenda silvestre que respira,
el canto hueco de tu aliento de río.

 

Y, amor mío, como el río que fluye sin pausa,
te espero paciente en las orillas del rio,
para amarte en cada gota, en cada onda,
en cada silueta que traza su corriente cristalina.
Seré la sombra que se mece en sus aguas,
el eco, la eternidad en su cauce indomable,

siguiéndote, adorándote,

como quien se entrega a lo infinito,
como quien jamás te dejará volver.