El colibrí; o, el hada moderna
Una memoria me asaltó y arrastró de vuelta a ese día de primavera, donde andaba distraído y un zumbido abrasó mi mente como a papel. Cuando salí de la página en blanco, di vueltas para buscar la fuente de aquello, aquello que navegó desde mi oreja hasta mi nuca; sonido como de hormigas.
Besó las flores, vino de paso, siguió zumbando feliz. Entonces, las flores se abrieron y le cantaron. Recuerdan en sus fibras el temblor dejado; tal como mis ojos grabaron una magia nunca tan audaz para un iris.
Plumas lentejuelas, velos como alas, colores de bailarina oriental. Voló muy lejos, sin despedirse. Me hizo pensar: qué bellas son las cosas que terminan, incluso en el recuerdo. Y ahora, a propósito de que el calor se va, apropósito de regar las matas, y de la nueva estación, recordé al simpático colibrí que vuela, aparenta ser eterno; y es hermoso.