Monólogo: Casa Extraña
Por: Srta. Zoraya M. Rodríguez Sánchez
Seudónimo: EMYZAG
“El arrimado en casa extraña,
es como sentir el dolor ajeno,
pero, en el corazón”.
Juan de frente al dueño de la casa extraña le explica su situación realmente y que es como el dolor ajeno.
Yo soy Juan el ser más arrimado y que vive en casa extraña de vez en cuando. Yo, Juan tengo cuatro empresas, dos yates y una mansión, pero, ¿por qué tú Juan dejaste todo en manos de extraños? ¿por qué el silencio cayó en tu corazón? Tú, Juan dejaste caer el dolor en tu solo coraje de ser un empresario de alto renombre, pero, ¿por qué no desnudaste el ocaso o el mar o el cielo de bendita agua? como el torrencial aguacero que destruyó a la primera humanidad. Tú el dueño de la casa extraña te imaginas que tengo el deseo de convertir todo en luz nuevamente. Yo Juan quiero comenzar de cero, si no es nada, pero, morir en el acto es como enredar el comienzo en finiquitar del alma y el corazón un sólo mal e inestable deseo. Yo Juan tengo un corazón que no sabe qué hacer desde que el silencio mató a mi propia egolatría. Mi universo dibujó una amarga soledad cuando el corazón con dolor entristeció de espanto. Yo soy Juan el que todo lo dejó en manos extrañas dejando todo el maldito dinero en soledad a mis empresas, yates y mansión. Yo Juan un día me imaginé esa vida de rico, pero, el corazón no me dejó más que el dolor, la consecuencia y el resultado en manos tan extrañas que me robaron todo. El ladrón fue directo al hígado por donde duele y nos salen las bilis y la bilirrubina despertó en mi cuerpo. Yo lo dejé todo en manos extrañas y aún lo dejo todo, pues, prefiero ser feliz que tener todo sin ser feliz. Soy Juan un arrimado, sí, si siento calor con las familias que estar y permanecer yo solo en mi mansión.