Mil vaggio

Me he prometido.

Me he propuesto no prometer ni prometerme, porque me parece que el que promete

está seguro del tiempo. Ya no quiero vivir de falsas esperanzas ni de promesas vagas,

quiero ser un hombre de hechos, usar la razón más que la ilusión. Prometer es tirar una

moneda al aire, es comprar un número de lotería y decir: \"voy a ganar\". No te prometo

la eternidad, pero te regalo mi tiempo ahora; no te prometo el cielo, pero te regalo la

sombra debajo de este encino. Suena más coherente y seguramente, a futuro, hiere

menos, porque las promesas que no se cumplen duelen, se impregnan en el alma y

terminan mutilándonos en esas tardes melancólicas en que nadie está para

abrazarnos. Vivir de promesas es empeñar nuestros sueños