Cargas sobre hombros de tanto tiempo
que su peso se olvida,
se desvanece con el viento
pero el mar no las oxida.
Con los errores como tiento
ya no hay quien le exima
y con la ultima bocanada de su aliento
su fin se aproxima.
En su pecho solo queda un resiento
no haber corrido otra vez a aquella cima,
no haber vivido ese casamiento,
no haber hecho nada que lo redima.