En esta noche me hallo trayendo a mi memoria frugal aquel cálido recuerdo que me enjaula en la nostalgia. Algún día todo esto va a terminar y estos mismos recuerdos, que serán fríos, van a ser lo único que me queden.
Por suerte mañana la volveré a ver.
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Hay una niebla en dicha noche que abriga sin permiso a la ciudad. El asesino, epígono nihilista, sale de su escondite para acechar a los caminantes nocturnos que pernoctan en colchones aislados y desnudos.
A veces, tras atestiguar mucho tiempo la luna llena, estos mismos terminan convirtiéndose en asesinos.
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Junto a una hermosa viuda y atemorizante lluvia me encuentro acostado en la noche. A pesar de medicarme, es imposible para mí escapar a ese mundo mágico de los sueños. No por las incesantes gotas que caen en el techo de la inexorable y tosca chapa, sino por el rostro impálido que me observa fijamente por la ventana.
Creo que es su marido.