Usted, me gusta. Mucho, debo decir. No sé si por sus ojos soñadores, su mirada o su cabellera. O tal vez, por sus labios voluptuosos, su voz dulce o su sonrisa o su tez fina, su silueta curvilínea o su caminar erguido. No me queda claro, sí es por la forma en que enfrenta al mundo, su tierna expresión o su postura firme. No puedo inclinar la balanza a una sola cualidad. Y aunque pueda parecer algo inseguro, le apuesto a todo, porque en conjunto, esas cualidades la hacen brillar y su luz la quiero en mi camino, porque sé que, aún con su intensidad, es calida, no abrumadora; es una fresca mañana, una caricia cercana, un susurro y un mensaje de aliento. Tal vez por eso es que usted, me gusta.