Entre máquinas, escondites y risas bulliciosas
como niños inocentes jugamos tardes enteras
ella con sus ojos claros de suave luz temprana
yo con maderas construía promesas sin nombre
juntos mirábamos hacia lo infinito del cielo.
Medio siglo después apareció su figura
elegante y de mirada acerada por el dolor
parecía anidar un orgulloso silencio
roto a ratos por la viudez del tiempo
sin pasado herido, ni anhelos atrevidos.
Tomamos cafés endulzados con recuerdos
nos guiaban memorias y la atención recíproca
un beso robado abrió preguntas nuevas
pudor y curiosidad danzaron lentamente
aprendió la libertad con temor y valentía.
Cariño sin prisa y pausas acordadas
con cada caricia se descubrió otra mujer
como si aprendiendo un idioma olvidado
no rompimos el pasado, lo ampliamos juntos
en fin, inventamos una nueva forma de vivir.