Le contaba de amor mis desvelos,
y le hablaba de noches eternas,
que inspirado en su imagen poética
hilvanaba románticos versos.
Con pasión dibujaba su cuerpo
de impecable y perfecta doncella;
y en su piel de magnífica seda
estampados quedaban mis besos.
En su célico y mórbido cuerpo
del delirio pintaba acuarelas;
y en las noches, bordadas con fuego,
en el alma dejaba su huella;
palpitando con esos jaleos
que de orgasmos hacían hogueras.
Autor: Aníbal Rodríguez.