Luis Barreda Morán

Raíz Constante

Raíz Constante

Afuera la lluvia cae con suavidad de algodón
y tú duermes en la paz de nuestra habitación.
Tu respiro se confunde con el rumor del viento,
un latido compartido, un único aliento.
Nada rompe el silencio donde juntos estamos.

La certeza más profunda tiene forma de raíz,
crece en la tierra oscura donde el temor no existe.
Es un árbol que se alza con lenta paciencia,
desafiando los hielos con firme inocencia.
Nunca dudé que sus ramas tocarían el cielo.

Este sentimiento no se mide con los años,
no lo altera el invierno ni los veranos.
Es un fuego constante que ambos alimentamos,
con miradas sencillas que nos intercambiamos.
Una llama secreta que el tiempo no comprende.

Cada aurora que llega es un mundo por hacer,
un camino distinto que emprendemos al nacer.
Cada encuentro es nuevo como la primera flor,
llenando de asombro nuestro propio corazón.
Renacemos juntos con la luz de la mañana.

Un espíritu alegre nos guía sin pensar,
nos lleva a bailar sin una canción.
Ríe en nuestra sangre, nos hace sentir vivos,
dos seres en uno, perdidos en un mismo ritmo.
Nadie nos enseñó estos pasos que damos.

Dos llamas separadas funden su resplandor,
formando una sola luz de mayor fulgor.
Brillamos en el alba y en la oscuridad,
somos promesa clara y tranquila realidad.
Navegamos muy lejos, por sobre las tormentas.

El viaje de los días no cambiará esta esencia,
la historia que escribimos con pura persistencia.
Es un abrazo perpetuo, una verdad constante,
un único destino, hermoso y radiante.
Siempre vivo, siempre nuestro, por siempre permanente:
Así es el amor que nos habita.

—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Enero, 2026.